Por Gil Camus

Las estadísticas, de manera muy sencilla, las podernos entender como un conjunto de números que resultan de técnicas (algunas sencillas, otras complejas) de recolección, modelación y análisis de datos específicos, podemos decir que son la forma numérica de entender la realidad o interpretar la realidad o niveles de esta.
Dicho conjunto de números pueden ser utilizados por un sin fin de personas y con distintos objetivos. Ciertamente, para los científicos sociales, tal técnica o rama de las matemáticas es de mucha utilidad, nos ayudan a asir, observar y analizar desde otras perspectivas un fenómeno determinado. Asimismo los gobiernos, en la mayor parte del tiempo, utilizan cifras, como los porcentajes (que son la proporción o la fracción de un número y 100, que, en ciertos casos es el total), o los promedios (media aritmética, medida de tendencia central llamada, que resulta de la suma del valor de un conjunto de números entre el total de números sumados, un ejemplo sencillo es promedio escolar), entre otros; para justificar medidas, legitimar o descalificar políticas específicas.
Pues bien, la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Gobernación, irónicamente en el marco de la Conferencia Mundial de la Juventud 2010, de la cual México fue el organizador; refutaron en un comunicado las cifras dadas por el rector de nuestra máxima casa de estudios, la UNAM, José Narro, quien hace unas semanas mostró su preocupación al indicar que alrededor de siete millones y medios de jóvenes en México, no estudian ni trabajan (ahora los medios han adoptado la etiqueta de ninis, la cual trataremos de evitar). De los cuales el 80% son mujeres. Dichas dependencias redujeron el número dado por el rector a sólo 285 mil personas, jóvenes entre 12 y 29 años que se encuentran en la condición antes señaladas.
Como sabemos, las cifras oficiales, las estadísticas siempre, y sobre todo en nuestro país, han sido manipuladas a modo, lo interesante es que la actual administración, con el afán de legitimar su gobierno o al aminorar una problemática específica, recurre a estrategias que los hunde más o hacen más visible el problema.
Particularmente me refiero a las declaraciones de la directora del Instituto Mexicano de la Juventud, Priscila Vera, quien, al respaldar las cifras dadas por la SEP y SG, apeló en contra de Narro y dijo que debemos tomar con cuidado las cifras dadas por el rector, ya que de esos 7.5 millones de jóvenes, se deben excluir a las mujeres que se dedican a las labores domésticas: en realidad no son tantos los que no hacen nada, aquellas mujeres que se dedican al hogar están haciendo algo, están trabajando.
La lógica de la directora es muy acertada: hay un amplio número de mujeres (entre 12 y 29 años) que trabajan en su casa, en las labores domésticas, entonces no podemos decir que ni estudien ni trabajen porque sí trabajan, es muy lógico, es muy claro, por lo tanto se debe de excluir de ese 7.5 millones a dichas mujeres. De lo que se trata, en palabras de Priscila Vera, es de reconocer las labores domésticas, pero ¿qué significa eso? ¿Qué significa reconocer oficialmente el trabajo doméstico tal y como lo hacen las dependencias señaladas?
Posterior a estas declaraciones, varios legisladores y diversas organizaciones civiles, arremetieron contra el gobierno panista y le pidieron se retractaran de sus declaraciones ya que ofendían a las mujeres minimizando una de las principales conquistas del feminismo, el derecho a la educación de las mujeres. Ante tales peticiones, la pregunta es: ¿si la administración panista o sus funcionarios se retractarán públicamente de sus afirmaciones, el problema se acabaría? ¿De qué les sirve? En vez de pedir una retractación se debería de analizar el trasfondo del discurso oficial con respecto a los jóvenes en general y a las mujeres en particular.
Las cifras están de más, su interpretación puede que nos sirva de algo, pero lo que no debemos dejar pasar es la realidad tal y como la podemos observar y analizar. Empecemos (modestamente y con nuestra limitada capacidad de entendimiento) por ejemplo, mencionado cuál es la política social, laboral, educativa y cultural de la actual administración con respecto a los jóvenes, ¿existe alguna? Parece ser que no.
Como sabemos, el ciclo escolar inició hace algunas semanas y con ello diversas manifestaciones de muchachos y muchachas (así como de sus padres) rechazados y rechazadas del sistema escolar medio superior y superior. Las matrículas de las escuelas públicas de dichos niveles educativos es muy poca con respecto a la demanda: de los 115 mil de jóvenes que solicitaron su ingreso a la UNAM sólo se aceptó a 10 mil, y de los 75 mil que aplicaron al IPN se admitieron a 25 mil (La jornada, 24/08/10), p.3). El problema empeora en el llamado sector rural, como lo señaló el rector de la Universidad Autónoma de Chapingo, uno de cada diez jóvenes en dicho sector tiene acceso a estudios universitarios (La jornada, 21/08/10, p. 19). Con el país en llamas, el presupuesto a la educación se ha reducido drásticamente en los últimos años (a esto hay que agregarle que en este ciclo escolar se suspendieron los turnos vespertinos en varias secundarias del Distrito Federal sin que nadie dijera nada).
Con respecto a lo laboral el panorama no se ve mejor. Sin educación en alguna área específica, es muy difícil insertarse en un puesto de trabajo donde las condiciones sean las adecuadas y con salarios que alcancen para mantener un nivel de vida digno. Incluso, con un título universitario las expectativas no mejoran. Con la proliferación (me parece que ilegal o por lo menos debería ser ilegal) de los llamados outsourcing (empresas intermediarias en la contratación de personal), el proceso de contratación es más largo, tedioso y sin garantías de la obtención de un contrato. Por otra parte, al parecer el gobierno se empeña día con día en desaparecer la figura del contrato colectivo (recordemos lo sucedido con los electricistas, los mineros, los pilotos y sobrecargos) con lo que se hace más complicado reconocer los derechos de los y las trabajadoras.
Ante tales situaciones, los jóvenes optan por estudiar en escuelas (patito) donde reciben una educación de mala calidad para, finalizados sus estudios, pasar a formar parte del ejército de reserva o a aceptar un empleo mal pagado y en pésimas condiciones. Optan, por otra parte, por el comercio informal donde, queramos o no, su carrera moral comienza a ampliar sus redes sociales hacia el crimen organizado. Leyendo los periódicos nos podemos dar cuenta de lo anterior. Es de llamar la atención que una buena parte de detenidos en los operativos del ejército así como las muertes causadas por éste o por el choque entre cárteles; sean jóvenes entre 20 y 29 años y que el 40% de los presos en las cárceles son menores de 30 años (La jornada, 24/08/10, p. 3): ¿causalidad estadística?
Ahora bien, con respecto a las mujeres, parece que nos queda más o menos claro cuál es la postura de la administración panista. Las declaraciones, tanto de las dependencias del gobierno como de Vera, la directora del Instituto Mexicano de la Juventud, al querer visibilizar o valorar las labores domésticas y con ello tratar de minimizar el problema en el que se encuentran sumidas las mujeres jóvenes en México, lo que en realidad hacen es poner dicho problema en su justa dimensión, sus declaraciones nos dice algo de nuestra sociedad, del imaginario en torno a las mujeres: la sociedad mexicana sigue siendo profundamente conservadora, aún se piensa que las labores domésticas es un trabajo exclusivo de la mujer y lo peor es que se les condene a dichas tareas, lo dramático es que sea su única opción para su futuro. No está mal que se reconozca un trabajo que durante siglos ha invisibilizado a las mujeres, un trabajo que las ha sumido en la dominación masculina, lo que es un gravísimo error es que la sociedad mexicana lo siga viendo como normal. Lamentablemente, con las declaraciones y cifras del gobierno, nos damos cuenta de la realidad que, como sociedad, se ha construido para la mujer en México:
“No pasa nada, no hay ningún problema que una mujer joven no estudie o trabaje en el sector productivo, no hay mayor conflicto que no se dedique a las artes, a la ciencia o que sea una mujer de negocios, ya que para ella está la casa, para que la mantenga limpia, para que prepare los alimentos, cuide a los hijos, barre y lave la ropa…” ¿En qué siglo vivimos? Considero que estas últimas actividades no deben ser un destino, pero, al parecer, el 80% de las mujeres que pertenecen a los 7.5 millones de jóvenes de los que habla el Dr. Narro, están condenadas a ello. Es, desde el imaginario social por donde se empieza a cerrar las puertas a las mujeres a la educación y al empleo que a ellas les plazca.
Querer reconocer el trabajo doméstico o revalorarlo como lo pretende el PAN y así justificar la situación de los jóvenes en México, es una más de sus posturas discriminatorias y conservadoras con respecto a las mujeres.
En general, la derecha conservadora mexicana no tiene una política social, cultural o educativa hacia los jóvenes, muestra de ello (además de lo antes expuesto) es la fabulosa y emprendedora visión del que se dice ser secretario de Desarrollo Social (¡vaya cargo!), Heriberto Félix. Este disque funcionario, en la ya mencionada Conferencia Mundial de la Juventud (que por cierto cerró sus labores con una minuta, dicen los que estuvieron ahí, de tintes conservadores) se aventó la puntada, ante muchos jóvenes, de decirles que no fueran víctimas de las circunstancias , que no fueran esquizofrénicos, que si no tenían trabajo o no podían ir a la escuela era por su culpa y no la de sus padres o del gobierno, su culpa porque no eran emprendedores, ya que en la vida no aplicaban las cuatro M y las cuarto E.
Este funcionario cree que siendo emprendedor (cuatro veces) y orientándose al mercado (cuatro veces) una mujer y un hombre en México con dos mil pesos puede armar una gran empresa, “la vena la tenemos, no tener capital no es obstáculo o pretexto” dijo en la conferencia (La jornada, 24/08/10, p.3). Lo que no se ha dado cuenta este señor, ya que quién sabe en qué mundo vive, es que la realidad en México, no sólo de los jóvenes, en buena medida se debe a políticas neoliberales aplicadas a tabla rasa por un gobierno empeñado en combatir un problema sin tocar los puntos nodales del mismo: violencia y más violencia. En lugar de dar grandes ideas para ser empresarios sobresalientes utilizando sólo dos letras del abecedario, este funcionario debería de hacer su trabajo, el cual ha brillado por su ausencia, debería planear, elaborar, implementar y operativizar modelos de intervención para procurar o por lo menos incidir en el desarrollo de las condiciones sociales, culturales y educativas de los jóvenes con objetivos serios, debería armar proyectos de inclusión social donde se haga válida la tolerancia y el respeto a aquellos que durante toda la historia del país han sido excluidos o invisibilizados de la política nacional. Pero es mucho pedir a una administración panista que intentan resolver el problema organizando torneos de futbol o regalando playeras y despensas. Así ni cómo entrarle.
La foto es de Toni Francois, vía http://www.tono.tv/