Un pequeño homenaje
Would you like to say
Something before you leave?
Summer ’68, Wright
Por Gil Camus
El rock está de luto, el pasado lunes (15 sep) murió Rick Wright (1943-2008), tecladista y fundador de la legendaria banda Pink Floyd.
Que más podemos decir que no se haya dicho acerca de este personaje que nos brindó tantas cosas con su música, ya que es indiscutible que él y su Hammond, definieron el sonido tan característico de Pink Floyd en todas sus etapas.
Desde The Pipera t the gates of dawn, podemos ver que las largas improvisaciones psicodélicas del genial Syd Barrett, por ejemplo en Astronomy domine o en Interstellar overdrive, no hubieran sido lo mismo sin la atmósfera que imprimía, sobre todo en vivo, con los teclados, o tal vez, Lucifer Sam, (uno de los puntos cumbres del álbum, a nuestro parecer), sonaría “vacía” sin los acordes de Wright que se escuchan al fondo. Y que decir del toque que le da la melodía que se escucha atrás de la voz de Barrett en Bike: la creación de historias de colores brillantes, cuentos fantasiosos, que podemos escuchar en este disco, en buena medida se lo debemos a Wright.
Luego, ya sin Barrett, en A saucerful of secrets (y en los discos subsiguientes) Pink Floyd se sostuvo gracias al soporte que Rick siempre brindó en todas las piezas. Basta mencionar, de este álbum, la canción que parece ser la más exitosa, Set the controls for the Herat of the sun: de nueva cuenta, en las improvisaciones, el sonido del teclado, el órgano y el sintetizador, son fundamentales, ya que nos brinda fragmentos sonoros con los cueles uno se puede perder en un viaje sin necesidad de otras cosas. En este disco, Wright nos entrega dos canciones de su inspiración: Remember a day, en la cual aparte de lucir largos puentes melódicos con su instrumento, deja que sus compañeros muestren de lo que están hechos, por ejemplo, la batería de Mason, nos regala tamborasos bien estructurados que siempre son agradecidos; y por otra parte, tenemos la tranquila See saw.
Bueno, si de creación de atmósferas se trata, en Ummaguma, en el disco en “vivo”, Wright siempre sobre sale por aquellas bellas improvisaciones, a muestra: Careful whit that Axe, Eugene. Mientras que en la parte de “estudio”, nos muestra su talento, tanto en composición como instrumentista, en Sysyphus, sobre todo, a nuestro parecer, en la parte 2.
Que decir de aquella nota insistente y los primeros acordes con los que comienza Echoes: sin duda, los portentosos y prolongados bloques sonoros y cósmicos quedaron bien estructurados gracias al ingenio de Rick.
Y entonces la cima: The great Gig in the Sky y una de las maravillas de Pink Floyd, Us and Them. Dos de los íconos de The Dark Side of the Mood, se los debemos a Rick Wright (la segunda canción con Waters), piezas que, a pesar de escucharlas una y otra vez, no podemos creer sean tan perfectas, las cuales, en cada una de esas reproducciones, nos transportan a otro universo, aunque el viaje sea por momentos contradictorio. Por un lado, en la primera canción arriba mencionada, aunque escuchemos el susurro, sabremos que no estamos muertos porque el grito incansable de Clare Torry siempre nos trasporta para poder disfrutarlo cada vez más, deseando ser inmortales para que nunca se acabe. Por otro lado, Us and Them, nos recuerda que solamente somos ordinarios, que viejos o no, moriremos, que nuestro lenguaje (y sus errores) nos ha llevado hasta donde estamos. Y sí, pagadita a este track, encontramos Any Colour You Llike, lo que nos hace regresar a lo que han llamado el spece rock o la pura “psicodelia” sideral, espacial, pues, lo cual se logró, como lo hemos dicho, gracias a la contribución de Wright.
¿Y qué podemos decir de su aporte en la pieza más importante de Pink Floyd que aparece en Wish you were here (en verdad sí que lo deseamos Wright), Shine on you Crazy Diamond? Quién mejor que Gilmour para responder: “…Without his quiet touch the Album ‘Wish You Were Here’ would not quite have worked.” Ahora bien: ¿qué sería de Welcome to the Machine, sin los aplastantes acordes de los órganos de Rick?
Como es de esperarse, en Animals, el órgano Hammond, sirve de nueva cuenta, como aquella ligadura perfecta que une largas estructuras sonoras (en Dogs), como inicio magnífico e inolvidable (por ejemplo en Pigs, pero sobre todo en Sheep). Si algo sobre sale de este disco (aparte del genio de Gilmour), es la riqueza artística de Wright.
Está demás mencionar las confrontaciones creativas y diferencias personales entre Waters y Rick en el principio del declive de Pink Floyd, sólo podemos aventurarnos a decir que tal decaimiento, quizá se debe a que Wright (y en cierta medida Mason), participó esporádicamente, en The Wall (con honrosas excepciones) y que en The Final Cut, ni siquiera apareció y no debemos sorprendernos que su regreso “definitivo” a Pink Floyd (en lo que se ha llamado la “era de Gilmour), se encuentre marcado por las mejores canciones del Tha Division Bell, (What do you want from me, Marooned y A great day for freedom, claro, sin olvidar la oscuridad que imprime a High hopes).
Es claro que no somos especialistas en Rock, ni siquiera lo pretendemos ser, sin embargo, lo anterior no es sino un pequeño homenaje, una muestra de agradecimiento a uno de los pilares, de lo que se ha llamado, por parte de los que saben, el rock progresivo, un reconocimiento a uno de los miembros de una de las mejores bandas de rock que han existido sobre la tierra, un gesto de admiración y respeto a una persona que, junto con otros cuatro, nos han hecho sentir, gozar, maravillarnos, apasionarnos, viajarnos y que nos han hecho ver al mundo de forma distinta y creer que tal vez las cosas pueden estar mejor, un personaje que ahora nos ha dejado, ha partido a otro plano de la existencia, pero que nos ha dejado en éste, un fondo, una atmósfera eterna que siempre, aunque el en fondo, estará presente. Gracias Richard Wright, por el maravilloso espectáculo en el cielo y esperamos verte en el lado oscuro de la luna.
Aquí les dejo una secuencia de fotos, con una canción de fondo, una pieza maravillosa, compleja, que, desde mi parecer, es el climax del Atom Heart Mother, y que, no curiosamente, es responsabilidad de Wright, Summer ’68.
