Archivos para agosto, 2010

La situación de las y los jóvenes en México, un problema minimizado

Publicado en Opinión el agosto 31, 2010 por Camus

Por Gil Camus

Las estadísticas, de manera muy sencilla, las podernos entender como un conjunto de números que resultan de técnicas (algunas sencillas, otras complejas) de recolección, modelación y análisis de datos específicos, podemos decir que son la forma numérica de entender la realidad o interpretar la realidad o niveles de esta.

Dicho conjunto de números pueden ser utilizados por un sin fin de personas y con distintos objetivos. Ciertamente, para los científicos sociales, tal técnica o rama de las matemáticas es de mucha utilidad, nos ayudan a asir, observar y analizar desde otras perspectivas un fenómeno determinado. Asimismo los gobiernos, en la mayor parte del tiempo, utilizan cifras, como los porcentajes (que son la proporción o la fracción de un número y 100, que, en ciertos casos es el total), o los promedios (media aritmética, medida de tendencia central llamada, que resulta de la suma del valor de un conjunto de números entre el total de números sumados, un ejemplo sencillo es promedio escolar), entre otros; para justificar medidas, legitimar o descalificar políticas específicas.

Pues bien, la Secretaría de Educación Pública y la Secretaría de Gobernación, irónicamente en el marco de la Conferencia Mundial de la Juventud 2010, de la cual México fue el organizador; refutaron en un comunicado las cifras dadas por el rector de nuestra máxima casa de estudios, la UNAM, José Narro, quien hace unas semanas mostró su preocupación al indicar que alrededor de siete millones y medios de jóvenes en México, no estudian ni trabajan (ahora los medios han adoptado la etiqueta de ninis, la cual trataremos de evitar). De los cuales el 80% son mujeres. Dichas dependencias redujeron el número dado por el rector a sólo 285 mil personas, jóvenes entre 12 y 29 años que se encuentran en la condición antes señaladas.

Como sabemos, las cifras oficiales, las estadísticas siempre, y sobre todo en nuestro país, han sido manipuladas a modo, lo interesante es que la actual administración, con el afán de legitimar su gobierno o al aminorar una problemática específica, recurre a estrategias que los hunde más o hacen más visible el problema.

Particularmente me refiero a las declaraciones de la directora del Instituto Mexicano de la Juventud, Priscila Vera, quien, al respaldar las cifras dadas por la SEP y SG, apeló en contra de Narro y dijo que debemos tomar con cuidado las cifras dadas por el rector, ya que de esos 7.5 millones de jóvenes, se deben excluir a las mujeres que se dedican a las labores domésticas: en realidad no son tantos los que no hacen nada, aquellas mujeres que se dedican al hogar están haciendo algo, están trabajando.

La lógica de la directora es muy acertada: hay un amplio número de mujeres (entre 12 y 29 años) que trabajan en su casa, en las labores domésticas, entonces no podemos decir que ni estudien ni trabajen porque sí trabajan, es muy lógico, es muy claro, por lo tanto se debe de excluir de ese 7.5 millones a dichas mujeres. De lo que se trata, en palabras de Priscila Vera, es de reconocer las labores domésticas, pero ¿qué significa eso? ¿Qué significa reconocer oficialmente el trabajo doméstico tal y como lo hacen las dependencias señaladas?

Posterior a estas declaraciones, varios legisladores y diversas organizaciones civiles, arremetieron contra el gobierno panista y le pidieron se retractaran de sus declaraciones ya que ofendían a las mujeres minimizando una de las principales conquistas del feminismo, el derecho a la educación de las mujeres. Ante tales peticiones, la pregunta es: ¿si la administración panista o sus funcionarios se retractarán públicamente de sus afirmaciones, el problema se acabaría? ¿De qué les sirve? En vez de pedir una retractación se debería de analizar el trasfondo del discurso oficial con respecto a los jóvenes en general y a las mujeres en particular.

Las cifras están de más, su interpretación puede que nos sirva de algo, pero lo que no debemos dejar pasar es la realidad tal y como la podemos observar y analizar. Empecemos (modestamente y con nuestra limitada capacidad de entendimiento) por ejemplo, mencionado cuál es la política social, laboral, educativa y cultural de la actual administración con respecto a los jóvenes, ¿existe alguna? Parece ser que no.

Como sabemos, el ciclo escolar inició hace algunas semanas y con ello diversas manifestaciones de muchachos y muchachas (así como de sus padres) rechazados y rechazadas del sistema escolar medio superior y superior. Las matrículas de las escuelas públicas de dichos niveles educativos es muy poca con respecto a la demanda: de los 115 mil de jóvenes que solicitaron su ingreso a la UNAM  sólo se aceptó a 10 mil, y de los 75 mil que aplicaron al IPN se admitieron a 25 mil (La jornada, 24/08/10), p.3). El problema empeora en el llamado sector rural, como lo señaló el rector de la Universidad Autónoma de Chapingo, uno de cada diez jóvenes en dicho sector tiene acceso a estudios universitarios (La jornada, 21/08/10, p. 19). Con el país en llamas, el presupuesto a la educación se ha reducido drásticamente en los últimos años (a esto hay que agregarle que en este ciclo escolar se suspendieron los turnos vespertinos en varias secundarias del Distrito Federal sin que nadie dijera nada).

Con respecto a lo laboral el panorama no se ve mejor. Sin educación en alguna área específica, es muy difícil insertarse en un puesto de trabajo donde las condiciones sean las adecuadas y con salarios que alcancen para mantener un nivel de vida digno. Incluso, con un título universitario las expectativas no mejoran. Con la proliferación (me parece que ilegal o por lo menos debería ser ilegal) de los llamados outsourcing (empresas intermediarias en la contratación de personal), el proceso de contratación es más largo, tedioso y sin garantías de la obtención de un contrato. Por otra parte, al parecer el gobierno se empeña día con día en desaparecer la figura del contrato colectivo (recordemos lo sucedido con los electricistas, los mineros, los pilotos y sobrecargos) con lo que se hace más complicado reconocer los derechos de los y las trabajadoras.

Ante tales situaciones, los jóvenes optan por estudiar en escuelas (patito) donde reciben una educación de mala calidad para, finalizados sus estudios, pasar a formar parte del ejército de reserva o a aceptar un empleo mal pagado y en pésimas condiciones. Optan, por otra parte, por el comercio informal donde, queramos o no, su carrera moral comienza a ampliar sus redes sociales hacia el crimen organizado. Leyendo los periódicos nos podemos dar cuenta de lo anterior. Es de llamar la atención que una buena parte de detenidos en los operativos del ejército así como las muertes causadas por éste o por el choque entre cárteles; sean jóvenes entre 20 y 29 años y que el 40% de los presos en las cárceles son menores de 30 años (La jornada, 24/08/10, p. 3): ¿causalidad estadística?

Ahora bien, con respecto  a las mujeres, parece que nos queda más o menos claro cuál es la postura de la administración panista. Las declaraciones, tanto de las dependencias del gobierno como de Vera, la directora del Instituto Mexicano de la Juventud, al querer visibilizar o valorar las labores domésticas y con ello tratar de minimizar el problema en el que se encuentran sumidas las mujeres jóvenes en México, lo que en realidad hacen es poner dicho problema en su justa dimensión, sus declaraciones nos dice algo de nuestra sociedad, del imaginario en torno a las mujeres: la sociedad mexicana sigue siendo profundamente conservadora, aún se piensa que las labores domésticas es un trabajo exclusivo de la mujer y lo peor es que se les condene a dichas tareas, lo dramático es que sea su única opción para su futuro. No está mal que se reconozca un trabajo que durante siglos ha invisibilizado a las mujeres, un trabajo que las ha sumido en la dominación masculina, lo que es un gravísimo error es que la sociedad mexicana lo siga viendo como normal. Lamentablemente, con las declaraciones y cifras del gobierno, nos damos cuenta de la realidad que, como sociedad, se ha construido para la mujer en México:

“No pasa nada, no hay ningún problema que una mujer joven no estudie o trabaje en el sector productivo, no hay mayor conflicto que no se dedique a las artes, a la ciencia o que sea una mujer de negocios, ya que para ella está la casa, para que la mantenga limpia, para que prepare los alimentos, cuide a los hijos, barre y lave la ropa…” ¿En qué siglo vivimos? Considero que estas últimas actividades no deben ser un destino, pero, al parecer, el 80% de las mujeres que pertenecen a los 7.5 millones de jóvenes de los que habla el Dr. Narro, están condenadas a ello. Es, desde el imaginario social por donde se empieza a cerrar las puertas a las mujeres a la educación y al empleo que a ellas les plazca.

Querer reconocer el trabajo doméstico o revalorarlo como lo pretende el PAN y así justificar la situación de los jóvenes en México, es una más de sus posturas discriminatorias y conservadoras con respecto a las mujeres.

En general, la derecha conservadora mexicana no tiene una política social, cultural o educativa hacia los jóvenes, muestra de ello (además de lo antes expuesto) es la fabulosa y emprendedora visión del que se dice ser secretario de Desarrollo Social (¡vaya cargo!), Heriberto Félix. Este disque funcionario, en la ya mencionada Conferencia Mundial de la Juventud (que por cierto cerró sus labores con una minuta, dicen los que estuvieron ahí, de tintes conservadores) se aventó la puntada, ante muchos jóvenes, de decirles que no fueran víctimas de las circunstancias , que no fueran esquizofrénicos, que si no tenían trabajo o no podían ir a la escuela era por su culpa y no la de sus padres o del gobierno, su culpa porque  no eran emprendedores, ya que en la vida no aplicaban las cuatro M y las cuarto E.

Este funcionario cree que siendo emprendedor (cuatro veces) y orientándose al mercado (cuatro veces) una mujer y un hombre en México con dos mil pesos puede armar una gran empresa, “la vena la tenemos, no tener capital no es obstáculo o pretexto” dijo en la conferencia (La jornada, 24/08/10, p.3). Lo que no se ha dado cuenta este señor, ya que quién sabe en qué mundo vive, es que la realidad en México, no sólo de los jóvenes, en buena medida se debe a políticas neoliberales aplicadas a tabla rasa por un gobierno empeñado en combatir un problema sin tocar los puntos nodales del mismo: violencia y más violencia.   En lugar de dar grandes ideas para ser empresarios sobresalientes utilizando sólo dos letras del abecedario, este  funcionario debería de hacer su trabajo, el cual ha brillado por su ausencia, debería planear, elaborar, implementar y operativizar modelos de intervención para procurar o por lo menos incidir en el desarrollo de las condiciones sociales, culturales y educativas de los jóvenes con objetivos serios, debería armar proyectos de inclusión social donde se haga válida la tolerancia y el respeto a aquellos que durante toda la historia del país han sido excluidos o invisibilizados de la política nacional. Pero es mucho pedir a una administración panista que intentan resolver el problema organizando torneos de futbol o regalando playeras y despensas. Así ni cómo entrarle.

La foto es de Toni Francois, vía http://www.tono.tv/

 

Algunas notas sobre la influencia e intolerancia del discurso de la Iglesia Mexicana

Publicado en Opinión el agosto 24, 2010 por Camus

Por Gil Camus

Sin querer hacerlo una coincidencia hace algunos días, leyendo un clásico de Hess, recordé un de los libros que más me ha impactado y gustado: La guerra del fin del mundo. Una novela de Mario Vargas Llosa (a mí parecer, junto con Conversaciones en la catedral, una de sus mejores obras), basada en lo que se conoce como la Guerra de Canudos, ciertos sucesos trágicos ocurridos en Brasil de finales del siglo XIX. En una excelente combinación literaria de realidad y ficción, el escritor peruano narra la resistencia armada y violenta que sostuvieron los files creyentes que, en su peregrinar, reunió el fanático Antonio Vicente Mendes Maciel, el Consejero, y  quien a través de sus consejos pudo persuadir a un buen número de personas (en su mayoría desamparados, delincuentes o cangaceiros  y discapacitados) de que la naciente República brasileña era el perro del mal, el demonio que quería esclavizarlos y someterlos, un reino del hombre impuesto en el reino de Dios y que por ello debían combatirla pese a todo, incluso a la muerte y así fue.

Días después (el jueves 19) leo en el periódico ciertas declaraciones hechas por Valdemar Romero (vocero de la Arquidiócesis de México) tras el espectáculo, he de decir discursivo, que él y Sandoval Iñiguez montaron en torno a la resolución de la SCJN, la cual declara constitucional los matrimonios entre personas del mismo sexo y su derecho de adoptar niños y niñas.

Dicho vocero cree que la demanda interpuesta por Ebrard y el PRD por daño moral (ya que el cardenal acosó al jefe de gobierno del DF de sobornar a los ministro de la SCJN para emitir la declaración en el sentido arriba señalado), es una clara “persecución” contra la Iglesia católica y así mismo declaró que, ante esta demanda, la Iglesia y sus ministros no se callarán porque tienen el deber profético de denunciar el mal, el pecado y a los lobos rapaces que asechan al rebaño (La jornada, 19/8/2010, p. 7).

Ante estas declaraciones, no pude sino compararlas con la novela de Vargas Llosa, pero sólo en un sentido muy específico: la capacidad del discurso dogmático-religioso de llamar la atención y convencer a las personas de aspectos específicos de la vida cotidiana. Por un lado, en La guerra del fin del mundo, el Consejero, pensaba que el reconocimiento de los matrimonios civiles (claro está, en aquel momento, heterosexuales) así como el establecimiento del censo poblacional y otra serie de medidas propias de un régimen o un arreglo institucional específico; eran un producto del mal.

Mientras acá, a más de un siglo de distancia, los miembros de la jerarquía católica mexicana, dicen que reconocer (ojo sólo reconocer, en la práctica lamentablemente, la discriminación se sigue produciendo y, peor aún, reproduciendo) derechos a hombres y mujeres de unirse y compartir su vida con personas de su mismo sexo y, de ahí, sin importar su orientación sexual, poder ejercer otros derechos y obligaciones, por ejemplo, la posibilidad de adoptar un niño o niña; no pude ser sino un pecado, un mal generado por lobos (que será peor en el discurso: ¿perros o lobos?), y aquí lo importante, lo que me interesa señalar:

Estos lobos a los que se refiere el vocero Valdemar, es un sector público específico, nuestra insipiente centro-izquierda. No se trata de defender a un grupo político en particular, poco importa que los llamé con los calificativos a los que la Iglesia está acostumbrada, se trata, más bien, de  señalar que lamentablemente dichos adjetivos y en general cualquier discurso, no sólo el religioso, la mayoría de la gente se los creen, sobre todo, cuando se trata de descalificar a un individuo o grupo de personas específico.

¿Recuerdan la campaña negra, sucia y desagradable que emprendió uno de los grupos más conservadores de la política nacional en contra de la candidatura y características personales del contendiente a la presidencia de la república por el PRD, Andrés Manuel López Obrador? Se le llamó dictador, comparándolo con Hitler y Mussolini (curiosamente no con Franco), se decía que si el perredista llagara a ganar en los comicios, aquellas personas que tuvieran más de un bien, les serían arrebatados para distribuirlos entre la población que no lo poseyera. Todo se reducía a una frase: AMLO es un peligro para la nación. Sin poderlo creer, dichos spots funcionaron de maravilla, la gente se lo creyó (claro está que no por ello el PRD perdió la presidencia, las razones de peso radican en otros aspectos que aquí no se tocarán pero que todo mundo sabe de sobra).

Pues bien, algo similar está ocurriendo en estos momentos, Valdemar y Sandoval Iñiguez hacen un llamado a sus feligreses, hacen uso de una serie de palabrerías que pesan mucho sobre una población que, en ciertos sectores es muy creyente e intolerante. El primero se atreve a profetizar que si Marcelo Ebrard llegara a ser presidente (lo que quizá no es muy probables) desataría una nueva persecución religiosa (nueva, porque quiere profetizar una Cristiada como la de los años 20) e incluso llegó a mencionar que la supuesta persecución que ya sufren, materializada en la demanda interpuesta por daño moral, es intolerante y al más puro estilo de Pinochet (aunque creo que no saben que éste fue apoyado por un grupo conservador como la democracia cristiana), y (ahora sí) de Francisco Franco. Asimismo, Valdemar no se quedó con las ganas de decir que el PRD ha causado más muertes que la guerra contra el crimen organizado emprendido por el inquilino de los pinos (conservador, y quizá, yunquista) ya que, según él y las estadísticas, en el DF  se han cometido más de 42 mil asesinatos de bebés en el vientre de su madre, contra 28 mil muertos que ha dejado dicha guerra (ídem). Por otra parte, Sandoval Iñiguez ha expresado en sus homilías que no voten por el PRD, otra vez, porque es un mal para México, representa al mal. ¿Qué hará la gente que escucha dichas peticiones y sólo ve las telenovelas y noticieros dirigidos a mostrar lo que conviene?

Que me disculpen todos los fieles creyentes, pero hace mucho que debería ser claro el debate sobre el aborto, no se trata de estar o no de acuerdo en abortar, esa no es la discusión pública, se trata más bien de no penalizar una práctica que depende de la decisión de la mujer sobre su propio cuerpo (dentro de un tiempo adecuado y sugerido médicamente). Al estar aprobada una ley como la que permite o despenaliza el aborto, no te incita a que de hecho lo hagas, esa es una decisión personal, nadie obliga a nadie a hacerlo. El PRD no ha causado esas muertes como las llama el vocero Valdemar. Lo lamentable es que la gente se lo crea.

De lo que se trata entonces es no sólo de defender el carácter laico del Estado (¿fallido?) mexicano, de que la Iglesia no intervenga en el arreglo institucional hacia un sentido que beneficia a ciertos intereses (no quiero decir conservadores y yunquistas) sino también de expresar que cualquier persona homosexual posee los mismos derecho que todos los demás, un derecho no deviene y es efectivo por las preferencias sexuales del individuo. ¿Qué hay de malo que un hombre o una mujer quieran compartir su vida con una persona de su mismo sexo? ¿A quién molestan?, ¿a un individuo megalómano que se empeña en seguir una estrategia de combate a la delincuencia que él mismo ha reconocido como inadecuada y que debido a ella causa un sin número de muertes diarias?

En Canudos, hace más de un siglo, murieron muchas personas, entre fieles defensores de sus creencias y militares que obedecían órdenes de superiores que también defendían sus principios. Evidentemente aquí y ahora (espero) no se suscitará una guerra del fin del mundo, pero de no sancionar a personas que se empeñan en discriminar a otras por sus preferencias sexuales, puede traer repercusiones a corto y mediano plazo, más intolerancia y exclusión, lo que está muy arraigado en la población mexicana, y esto se puede ver reflejado en las urnas, negando el voto a una fallida izquierda que, hay que aceptarlo, por lo menos en el DF  han mostrado ser un poco progresistas, lo que mucha falta le hace a México.

En lugar de tratar de atacar al Estado laico, la Iglesia católica mexicana (y la del mundo) debería sacar a la luz a todos aquellos pederastas que tienen como guías espirituales, eso no sólo es pecado, también es un crimen horroroso que debe ser castigado por el reino de acá, el reino de la tierra.

Nota final: afortunadamente está muy cerca la liberación, gracias a la movilización de las sociedades civiles mexicanas y extranjeras en pro de los derechos humanos, de aquellas mujeres campesinas guanajuatenses acusadas y condenadas a más de 20 años en prisión por crimen  en razón de parentesco (es decir, aborto involuntario, para evitar el oscuro lenguaje de lo penal), una buena noticia ya que dichos castigos, evidentemente muestran el atraso milenario en el que se encuentran ciertos sectores de la política mexicana.

* El cartón es del Fisgón, (La jornada, 19/08/2010)

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