Algunas notas sobre la influencia e intolerancia del discurso de la Iglesia Mexicana

Por Gil Camus

Sin querer hacerlo una coincidencia hace algunos días, leyendo un clásico de Hess, recordé un de los libros que más me ha impactado y gustado: La guerra del fin del mundo. Una novela de Mario Vargas Llosa (a mí parecer, junto con Conversaciones en la catedral, una de sus mejores obras), basada en lo que se conoce como la Guerra de Canudos, ciertos sucesos trágicos ocurridos en Brasil de finales del siglo XIX. En una excelente combinación literaria de realidad y ficción, el escritor peruano narra la resistencia armada y violenta que sostuvieron los files creyentes que, en su peregrinar, reunió el fanático Antonio Vicente Mendes Maciel, el Consejero, y  quien a través de sus consejos pudo persuadir a un buen número de personas (en su mayoría desamparados, delincuentes o cangaceiros  y discapacitados) de que la naciente República brasileña era el perro del mal, el demonio que quería esclavizarlos y someterlos, un reino del hombre impuesto en el reino de Dios y que por ello debían combatirla pese a todo, incluso a la muerte y así fue.

Días después (el jueves 19) leo en el periódico ciertas declaraciones hechas por Valdemar Romero (vocero de la Arquidiócesis de México) tras el espectáculo, he de decir discursivo, que él y Sandoval Iñiguez montaron en torno a la resolución de la SCJN, la cual declara constitucional los matrimonios entre personas del mismo sexo y su derecho de adoptar niños y niñas.

Dicho vocero cree que la demanda interpuesta por Ebrard y el PRD por daño moral (ya que el cardenal acosó al jefe de gobierno del DF de sobornar a los ministro de la SCJN para emitir la declaración en el sentido arriba señalado), es una clara “persecución” contra la Iglesia católica y así mismo declaró que, ante esta demanda, la Iglesia y sus ministros no se callarán porque tienen el deber profético de denunciar el mal, el pecado y a los lobos rapaces que asechan al rebaño (La jornada, 19/8/2010, p. 7).

Ante estas declaraciones, no pude sino compararlas con la novela de Vargas Llosa, pero sólo en un sentido muy específico: la capacidad del discurso dogmático-religioso de llamar la atención y convencer a las personas de aspectos específicos de la vida cotidiana. Por un lado, en La guerra del fin del mundo, el Consejero, pensaba que el reconocimiento de los matrimonios civiles (claro está, en aquel momento, heterosexuales) así como el establecimiento del censo poblacional y otra serie de medidas propias de un régimen o un arreglo institucional específico; eran un producto del mal.

Mientras acá, a más de un siglo de distancia, los miembros de la jerarquía católica mexicana, dicen que reconocer (ojo sólo reconocer, en la práctica lamentablemente, la discriminación se sigue produciendo y, peor aún, reproduciendo) derechos a hombres y mujeres de unirse y compartir su vida con personas de su mismo sexo y, de ahí, sin importar su orientación sexual, poder ejercer otros derechos y obligaciones, por ejemplo, la posibilidad de adoptar un niño o niña; no pude ser sino un pecado, un mal generado por lobos (que será peor en el discurso: ¿perros o lobos?), y aquí lo importante, lo que me interesa señalar:

Estos lobos a los que se refiere el vocero Valdemar, es un sector público específico, nuestra insipiente centro-izquierda. No se trata de defender a un grupo político en particular, poco importa que los llamé con los calificativos a los que la Iglesia está acostumbrada, se trata, más bien, de  señalar que lamentablemente dichos adjetivos y en general cualquier discurso, no sólo el religioso, la mayoría de la gente se los creen, sobre todo, cuando se trata de descalificar a un individuo o grupo de personas específico.

¿Recuerdan la campaña negra, sucia y desagradable que emprendió uno de los grupos más conservadores de la política nacional en contra de la candidatura y características personales del contendiente a la presidencia de la república por el PRD, Andrés Manuel López Obrador? Se le llamó dictador, comparándolo con Hitler y Mussolini (curiosamente no con Franco), se decía que si el perredista llagara a ganar en los comicios, aquellas personas que tuvieran más de un bien, les serían arrebatados para distribuirlos entre la población que no lo poseyera. Todo se reducía a una frase: AMLO es un peligro para la nación. Sin poderlo creer, dichos spots funcionaron de maravilla, la gente se lo creyó (claro está que no por ello el PRD perdió la presidencia, las razones de peso radican en otros aspectos que aquí no se tocarán pero que todo mundo sabe de sobra).

Pues bien, algo similar está ocurriendo en estos momentos, Valdemar y Sandoval Iñiguez hacen un llamado a sus feligreses, hacen uso de una serie de palabrerías que pesan mucho sobre una población que, en ciertos sectores es muy creyente e intolerante. El primero se atreve a profetizar que si Marcelo Ebrard llegara a ser presidente (lo que quizá no es muy probables) desataría una nueva persecución religiosa (nueva, porque quiere profetizar una Cristiada como la de los años 20) e incluso llegó a mencionar que la supuesta persecución que ya sufren, materializada en la demanda interpuesta por daño moral, es intolerante y al más puro estilo de Pinochet (aunque creo que no saben que éste fue apoyado por un grupo conservador como la democracia cristiana), y (ahora sí) de Francisco Franco. Asimismo, Valdemar no se quedó con las ganas de decir que el PRD ha causado más muertes que la guerra contra el crimen organizado emprendido por el inquilino de los pinos (conservador, y quizá, yunquista) ya que, según él y las estadísticas, en el DF  se han cometido más de 42 mil asesinatos de bebés en el vientre de su madre, contra 28 mil muertos que ha dejado dicha guerra (ídem). Por otra parte, Sandoval Iñiguez ha expresado en sus homilías que no voten por el PRD, otra vez, porque es un mal para México, representa al mal. ¿Qué hará la gente que escucha dichas peticiones y sólo ve las telenovelas y noticieros dirigidos a mostrar lo que conviene?

Que me disculpen todos los fieles creyentes, pero hace mucho que debería ser claro el debate sobre el aborto, no se trata de estar o no de acuerdo en abortar, esa no es la discusión pública, se trata más bien de no penalizar una práctica que depende de la decisión de la mujer sobre su propio cuerpo (dentro de un tiempo adecuado y sugerido médicamente). Al estar aprobada una ley como la que permite o despenaliza el aborto, no te incita a que de hecho lo hagas, esa es una decisión personal, nadie obliga a nadie a hacerlo. El PRD no ha causado esas muertes como las llama el vocero Valdemar. Lo lamentable es que la gente se lo crea.

De lo que se trata entonces es no sólo de defender el carácter laico del Estado (¿fallido?) mexicano, de que la Iglesia no intervenga en el arreglo institucional hacia un sentido que beneficia a ciertos intereses (no quiero decir conservadores y yunquistas) sino también de expresar que cualquier persona homosexual posee los mismos derecho que todos los demás, un derecho no deviene y es efectivo por las preferencias sexuales del individuo. ¿Qué hay de malo que un hombre o una mujer quieran compartir su vida con una persona de su mismo sexo? ¿A quién molestan?, ¿a un individuo megalómano que se empeña en seguir una estrategia de combate a la delincuencia que él mismo ha reconocido como inadecuada y que debido a ella causa un sin número de muertes diarias?

En Canudos, hace más de un siglo, murieron muchas personas, entre fieles defensores de sus creencias y militares que obedecían órdenes de superiores que también defendían sus principios. Evidentemente aquí y ahora (espero) no se suscitará una guerra del fin del mundo, pero de no sancionar a personas que se empeñan en discriminar a otras por sus preferencias sexuales, puede traer repercusiones a corto y mediano plazo, más intolerancia y exclusión, lo que está muy arraigado en la población mexicana, y esto se puede ver reflejado en las urnas, negando el voto a una fallida izquierda que, hay que aceptarlo, por lo menos en el DF  han mostrado ser un poco progresistas, lo que mucha falta le hace a México.

En lugar de tratar de atacar al Estado laico, la Iglesia católica mexicana (y la del mundo) debería sacar a la luz a todos aquellos pederastas que tienen como guías espirituales, eso no sólo es pecado, también es un crimen horroroso que debe ser castigado por el reino de acá, el reino de la tierra.

Nota final: afortunadamente está muy cerca la liberación, gracias a la movilización de las sociedades civiles mexicanas y extranjeras en pro de los derechos humanos, de aquellas mujeres campesinas guanajuatenses acusadas y condenadas a más de 20 años en prisión por crimen  en razón de parentesco (es decir, aborto involuntario, para evitar el oscuro lenguaje de lo penal), una buena noticia ya que dichos castigos, evidentemente muestran el atraso milenario en el que se encuentran ciertos sectores de la política mexicana.

* El cartón es del Fisgón, (La jornada, 19/08/2010)

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