The Wall

Por Gil Camus

Hay quien puede decir que se trató de puros actos de grandilocuencia, de egocentrismo delirante y obsesiones musicales lo que llevó a Roger Waters concebir -tras un acto quizá de intolerancia y hartazgo hacía un fan- una idea que a la postre se verá plasmada en una de las obras más grandes del rock: The Wall. Una estructura cuyos ladrillos representan cada una de las formas operantes del poder sobre el sujeto y todos aquellos referentes que nos construye como tal: desde la falta o ausencia del padre caído en combate por la megalomanía de los dirigentes políticos, la sobre protección de la madre, la opresión del sistema educativo, político, social, interpersonal e incluso, la represión que uno (a) ejerce sobre sí mismo (a).

Mucho se ha dicho de The Wall, entre otras cosas que llevó, junto con lo que se ha llamado, etiquetado o encasillado como progresivo (cuyos representantes encontramos bandas –a mi parecer, fantásticas- como King Crimson, Jethro Tull, Genesis, Emerson Lake and Palmer o Camel) al rock, en su forma operística, a ser música para adultos contemporáneos, quitándole, a dicho género musical, lo divertido, lo rasposo, lo inmediato; haciéndolo aburrido, lento –con canciones, otra veces denominadas suites, de larga duración- y, para algunos y algunas, difícil de entender o escuchar. Lo cierto es que, en este disco, no encontramos canciones eternas (aunque hay quienes piensan que Another Brick in the Wall, es sólo una pieza), tampoco, a mi gusto, las hay con estructuras densas o atmosféricas que las haga aburridas o “complejas”: me atrevo a decir que ninguna canción es difícil de escuchar, por el contrario, son disfrutables.

Sin embargo, The Wall es una obra cuyas canciones no pueden ser escuchadas en “solitario” (quizá existan excepciones como Comfortably Numb, Hey You, Mother o Run Like Hell), si lo pones en aleatorio pierde sentido: cada una de las canciones están localizadas de tal modo que se entrelazan para decir “algo”, para dar cuenta de la desesperación y locura a la que puede llegar no sólo un superrockstar, sino cualquier persona ordinaria ya que, al final, en The Trial, nos damos cuenta que sólo formamos parte de esa estructura opresora, cada uno (a) de nosotros(a)s, no somos más que otro ladrillo de esa estructura que no cesamos de cosntruir (de reproducir).

Corrijo, The Wall no es una de las obras más grandes del rock, ni siquiera, ciertamente, es el mejor material de Pink Floyd, quizá sea necesario decir que está sobre valorada. Sin embargo, es un disco muy sui generis. Por una parte, como obra conceptual (¿rock ópera?) innovó visualmente, presentando excelentes dibujos animados (tanto en los conciertos como en su versión cinematográfica), para ejemplo dos canciones, Good Bye Blue Sky y la maravilla de Empty Spaces.

Por otra parte, The Wall no hubiera tenido el mismo significado sin el contexto social y político del mundo en el que se concibió: la guerra fría, una Alemania dividida, precisamente, por un muro y un cuestionamiento a la racionalidad y existencia del ser humano como maquinaria de muerte. Todos sus referentes bélicos nos impactan porque nos muestra lo que somos.

Asimismo, muestra la decadencia y los problemas internos de la banda: Wright aparece en los créditos como músico asueldo, Gilmour participa muy poco en cuanto a composición se refiere. The Wall se encuentra justo en medio de momentos claves para la banda. Es sucesor de una de sus mejores obras (infravalorada): Animals, al mismo tiempo es antecesor del último material donde Waters participa dentro de Pink Floyd: The Final Cut. Con todo lo anterior,  en este disco, se entrega una de las mejores canciones del rock en general, cuyo sólo de guitarra es una maravilla y la letra nos recuerda lo insignificantes que somos como humanidad.

The Wall quizá no sea una de las grandes obras del Rock, pero es pieza fundamental en la historia del género, aunque exista gente que piense lo contrario. Además, en él se encuentran varias de mis favoritas de Pink Floyd: Mother, Hey You, The Happiest Days of Our Lives, Vera, When the Tigers Broke Free (en la versión del film) y (la que más me gusta de este disco) Waiting for the Worms.

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