Por Gilberto Morales Arroyo
Increíble. El pasado martes 17 de junio, la jornada publicó un artículo titulado: “Similares, cerebros de gays y mujeres”. En el cual se reseñan someramente los resultados obtenidos por científicos del Instituto Karolinska (Suecia), al analizar la forma (simetría especialmente) del cerebro y medir el flujo sanguíneo de la amígdala (área importante en las reacciones emocionales).
Observaron (en un grupo de 90 heterosexuales y homosexuales, de ambos sexos) que los cerebros de los hombres gays y las mujeres heterosexuales eran de forma similar, mientras que el hemisferio de las lesbianas y los hombres heterosexuales son más grandes. Por otra parte, vieron que los homosexuales y las heterosexuales mostraron más conexiones neuronales en la amígdala izquierda. Las conclusiones: se acabó la discusión, si eres gay, es porque naciste gay, afirman los científicos, según la publicación en línea de la Agencia de Informaciones MERCOSUR.
Cesare Lombroso, quizá el máximo representante de la criminología positiva, creyó haber descubierto, entre finales del siglo XIX y principios del XX, la verdadera naturaleza de la delincuencia estudiando los cráneos de ciertos individuos:
No fue simplemente una idea sino un rayo de inspiración. Al ver este cráneo, me pareció comprender súbitamente, iluminado como una vasta llanura bajo un cielo llanamente, el problema de la naturaleza del criminal, un ser atávico que reproduce en su persona los instintos feroces de la humanidad primitiva y los animales inferiores. Las manifestaciones anatómicas eran las mandíbulas enormes, los pómulos altos, los arcos superciliares prominentes, las líneas aisladas de la palma de la mana, el tamaño excesivo de la órbitas, las orejas con forma de asa que se encuentran en criminales, salvajes y monos, la insensibilidad al dolor, la visión extremadamente aguda, tatuajes […]*
Lo que separa a los estudios de Lombroso con los realizados por el Instituto Karolinska, es prácticamente un poco más de un siglo y, por increíble que parezca, la ciencia aún no supera los puentes que construyó erróneamente (como hemos dicho, hace más de un siglo) entre la biología (herencia, genética o atavismo) y los aspectos o características, si podemos llamarlo así, de las minorías marginadas.
En este caso, el estudio del Karolinska, nos expone que si un hombre es homosexual, es porque su cerebro se parece y funciona (en algunas regiones) igual al cerebro de una mujer heterosexual y viceversa, el cerebro de un hombre heterosexual es parecido al de la mujer homosexual. El cerebro es el factor decisivo en la preferencia sexual de cada individuo, así como la forma del cráneo (y otras características de la cara) determinaba al delincuente o la conducta criminal.
Claro está que los avances y descubrimientos científicos, especialmente en lo que se refiere a la biogenética, han sido de mucha utilidad para el hombre. No podemos negar que dichos avances han demostrado que, por decirlo de alguna forma, nos encontramos destinados y sujetos a nuestros genes: en medicina hay algo que se llama predisposición genética: si alguno de mis padres padeció cáncer, deadetes, alcoholismo, calvicie, existen altas posibilidades de que mi salud sea afectada por alguna de esas enfermedades.
Edgar Morin, en su ensayo Antropología de la libertad, advierte que la existencia humana, se encuentra programada por el Imperio del ADN: el hombre como ser natural, se parece a un autómata.
Sin embargo, plantea que esa dependencia genética es sólo en apariencia o más bien es paradójica:
….El individuo se autonomiza al apropiarse del genos al que obedece. Su dependencia hereditaria singular, sin dejar de ser dependencia, deviene fundamento de la identidad personal: nuestra herencia plural hace de nosotros individuos singulares. Nuestras vidas las vivimos resucitando los ingredientes de las vidas de nuestros antecesores. De modo que poseemos los genes que nos poseen. **
En otras palabras, Edgar Morin, reconoce la importancia de la cuestión social, cultural e histórica, las cuales también ejercen, si lo podemos llamar así, su poder sobre nosotros:
En todo individuo, el legado cultural se combina con su herencia biológica, determinando estimulaciones o inhibiciones que modulan la expresión de esta herencia. Así cada cultura, mediante su sistema de educación, su régimen alimentario, sus modelos de comportamiento, reprime, inhibe, favorece, estimula, sobredetermina la expresión de tal aptitud, ejerce sus efectos sobre el funcionamiento cerebral y sobre la formación del espíritu, y así interviene para co-organizar y controlar el conjunto de la personalidad. ***
Diversos autores de lo que se ha llamado la criminología crítica y la sociología de la desviación (principalmente Becker, Cicourel, Erikson, Kitsuse y Lambert), bajo el labelling approach o teoría del etiquetamiento, han planteado que la conducta criminal o desviada no es un acto intrínseco, innato o propio del sujeto, no es una característica de una forma determinada del cráneo, manos, orejas, boca. Se trata más bien de una construcción social: lo que hace que un acto sea desviado depende de la reacción o el significado que éste tenga en una sociedad dada. Bajo esa perspectiva, también exponen que la conducta desviada se aprende a través del lenguaje (el legado cultural del que habla Morin), es decir, se encuentra formada por actos típicos que se adquieren a lo largo de la carrera moral del sujeto que se desvía.
No podemos decir lo mismo de las y los homosexuales. Sería una locura exponer que la conducta homosexual, o mejor dicho, que el ser gay o lesbiana se aprenda, pero lo es más aún plantear que esté determinada por la forma específica del cerebro y a su vez por el flujo sanguíneo de la amígdala izquierda o derecha.
Existen varios razonamientos que nos hacen disentir de la conclusión obtenida por los científicos del Karolinska. El primero de ellos tiene que ver con lo metodológico. ¿Cuántos homosexuales hay en el mundo? Lo ignoramos. De lo que sí estamos seguros es que, según las fuentes arriba citas, el estudio se llevó acabo observando a 90 mujeres y hombres, entre los que había homosexuales y heterosexuales, por lo tanto, la muestra de homosexuales era menor de 90, lo cual no es, ni siquiera para los criterios maestrales menos ortodoxos, una muestra representativa de una población que, seguramente, sobre pasa los millones.
Por otro lado, ¿qué nos diría un psicoanalista de la homosexualidad? Quizá nos diría que se trata de un narcisismo (una relación entre el Yo de un sujetos específico y la libido) más marcado en ciertos individuos que en otros, por lo tanto, la homosexualidad va más allá de cuestiones puramente biológicas, existe un inconsciente al cual le debemos prestar atención y que además, huelga decir, se va formando con lo años por lo que no se encuentra preformado antes del nacimiento.
¿Qué nos diría un sociólogo? Tal vez respondería que las relaciones afectivas son un tipo ideal que se basan en la significativita que existe entre las persona, por lo tanto el ser homosexual, es más una elección que un destino.
¿Cuál sería la respuesta del estudio del Instituto Karolinska a la bisexualidad? Nos dirían que los cerebros de los bisexuales son simétricos y que sus amígdalas funcionan de la mima forma. Hay que utilizar la lógica (sin querer hacerla de médicos ni nada por el estilo). El estudio nos dice que el cerebro de los hombres es levemente asimétrico: el hemisferio derecho es un poco más grande que el izquierdo, característica que comparten las mujeres homosexuales. Si esto es cierto, no habría bisexualidad, ¡pero hay bisexuales!
En realidad no importan las explicaciones que se den a la homosexualidad. Lo que realmente es importante son las implicaciones que la conclusión tan tajante que la biología y la medicina nos ofrece (¡si eres gay, es porque naciste así!) ¿Cuáles son estas implicaciones? Creemos que son dos.
La primera tiene que ver con la libertad de elección. Últimamente se puso de moda (en buena medida por cuestiones mediáticas) lo EMO, una cultura juvenil en la que su miembros se autodefinen como emocionales (de ahí EMO) o que se dejan guiar por sus emociones. Ahora bien, viendo las cosas bajo la conclusión del Karolinska, los chavos EMO, comparten las mismas características de cada una de sus amígdalas y todos serían gay, lo que es una reverenda tontería. Un EMO lo es porque se identifica con los valores y símbolos de tal cultura: la música, forma de vestir o peinarse, la forma de hablar o expresarse verbalmente, la ideología. Nadie nace siendo hippie, dark, roquero, punk o emo, esto pude ser, por una parte, una elección individual y por la otra, una característica socialmente determinada.
¿Podemos decir lo mismo de los homosexuales? Desde nuestro punto de vista, si. En otras palabras, no creemos que ciertos individuos estén predestinados a ser gay desde que se encuentra en el útero de la madre, ser o no serlo, hasta cierto punto, es una elección que puede ser individual, pero una elección donde se encuentra involucrado el otro y de las relaciones que de ahí se desprendan. Para entender lo anterior, citemos de nueva cuenta a Morin:
No estamos destinados únicamente a la reproducción, estamos igualmente destinados a gozar la vida, y la reproducción misma está también destinada a producir individuos que puedan gozar de la vida. El amor y la voluptuosidad utilizan el acto reproductor para realizarse y pueden eliminar sus consecuencias reproductoras mediante coito interrumpido, preservativos, píldoras. Estamos invadidos por la sexualidad, pero la sexualidad está invadida por el goce y el amor. ****
Si mi goce, placer y amor lo obtengo con una persona de sexo igual al mío o con ambas, no es una cuestión de nacimiento, sino, como diría Foucault, de un conocimiento, una especial atención sobre mí mismo (conocimiento que se encuentra delimitado históricamente).
La segunda implicación tiene que ver con el poder, la medicina y la normalización. Como se expuso anteriormente, existen enfermedades que pueden ser hereditarias, ¿qué pasa si sé que puedo padecer de cáncer? Pues sencillamente los médicos tratarían de prevenirlo. Cuando unos científicos plantean que lo homosexual se encuentra en el individuo desde el nacimiento, también plantean la posibilidad de poder corregirlo, de normalizarlo, es plantear al gay o lesbiana como enfermos a los cuales se pueden curar, es plantear que en ellos se encuentra la desviación y no en la sociedad que responde (por lo menos en nuestro país) con horror, con marginación y exclusión ante las personas cuyas preferencias sexuales son diferentes a las que dicta una supuesta mayoría.
Pues ni hablar, increíblemente en pleno siglo XXI, se siguen realizando estudios que comenzaron a finales del XIX, y que la ciencia se rehúsa a superarlos, aún nos rehusamos, como sociedad, a creer en una normalidad, en un orden natural impuesto y el cual es sagrado, profanarlo significa exclusión y marginación y, hasta cierto punto, intervención para corregir al que se ha salido del camino.
Notas:
* (Lombroso Ferrara, Criminal man according to the classification of Cesare Lombroso, New York, Putman, pág. xiv, citado en Taylor, Ian; Walton P.; Young, J., La nueva criminología. Contribución a una teoría social de la conducta desviada, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2001, pp. 58-59.)
** Morin, Edgar, Antropología de la libertad. Texto publicado en: GRASCE (Groupe de Recherche sur l’Adaptation, la Systémique et la Complexité Économique) (ed.), Entre systémique et complexité, chemin faisant… Mélanges en hommage à Jean-Louis Le Moigne, PUF, París, 1999: 157-170. Traducción de José Luis Solana Ruiz, profesor de Antropología Social de la Universidad de Jaén. Disponible en:
http://www.ugr.es/~pwlac/G16_01Edgar_Morin.html
*** Ibíd.
**** Ibíd.
Referencias bibliográficas y hemerográficas:
–Routers, “Similares, cerebros de gays y mujeres”, en La Jornada, sección ciencia, martes 17 de junio de 2008. Versión electrónica:
http://www.jornada.unam.mx/2008/06/17/index.php?section=ciencias&article=a02n2cie
–“Sexo/la amígdala derecha decide”, en AIM Digital (Agencia de Información Informaciones MERCOSUR), 19 de junio de 2008. Disponible en:
http://www.aimdigital.com.ar/ver_noticias.php?id_nota=75552
–Morin, Edgar, Antropología de la libertad. Texto publicado en: GRASCE (Groupe de Recherche sur l’Adaptation, la Systémique et la Complexité Économique) (ed.), Entre systémique et complexité, chemin faisant… Mélanges en hommage à Jean-Louis Le Moigne, PUF, París, 1999: 157-170. Traducción de José Luis Solana Ruiz, profesor de Antropología Social de la Universidad de Jaén. Disponible en:
http://www.ugr.es/~pwlac/G16_01Edgar_Morin.html
–Taylor, Ian; Walton P.; Young, J., La nueva criminología. Contribución a una teoría social de la conducta desviada, Buenos Aires, Amorrortu editores, 2001